- Jo, ¿ sólo hay una ?
- Si... eso parece, pero si la quieres...
- No, no no. La has cogido tu...
- Va, venga que no me importa, quédatela.
- Gracias entonces...
Estaba sola, pero le gustaba. Eso de no sufrir pensando en si la querrían o no, en si la estarían engañando con otra... Estaba muy bien sola. Faltaba algo, si, pero la ausencia de dolor, es a veces, una sensación única.
Que pena no saber lo que es ser feliz porque alguien te da todo sin esperar nada a cambio.
Entonces, ese día que no esperaba nada de nadie, y no porque ya todo el mundo le hubiera decepcionado, si no porque las expectativas, se habían disociado de la palabra "persona" y ya, no esperas, ni desesperas.
Pues ese día, sale tranquilamente, ajena al cambio. Ajena a lo nuevo, a lo que vaya a conocer. Como una persona más. No sabía lo que le esperaba por sentir.
Le mira, le observa durante un tiempo, unas horas. Poco tiempo, pensareis. Suficiente cuando estás a punto de conocer a alguien excepcional. Experimenta cambios en su forma de ver a alguien del que no espera nada. Digamos que el contador está a cero. Es hora de ganar puntos.
Resulta agradable, bastante agradable, piensa de él. Pero no se atreve a decirle nada. Silencio. Como va ella a dar un paso adelante, con tantos hacia atrás que dió ya. Cobardía. Mucho que perder...piensa ella.
Pero ¿ y si ... ?
Tiempo después, solo recuerda que fue una lástima no haberle conocido antes. Aunque al fin y al cabo, quién iba a planear que una jarra del congelador, fuera a darle la fuerza para atreverse a conocerlo y darse la oportunidad de ser un poquito más feliz.






